sábado, 12 de noviembre de 2011

No me esperes a cenar - II


Había recibido una llamada de Wikinson quería que nos viéramos para un asunto que me quería comentar personalmente, alguien le había dado mi móvil.  
Wikinson era un magnate de las finanzas, un rico constructor de los años 80 que había sabido salir pitando antes que se desinflara la burbuja inmobiliaria. Cuando llegó el gran crack del 2.011 él ya había diversificado sus ganancias y ahora era un próspero hombre de negocios. Por lo que había leído, estaba casado con una belleza, Mirna Shell una antigua modelo; Mirna tenía una hija de un anterior matrimonio.
Había quedado con Wikinson a las seis de la tarde así que para hacer tiempo me refugié en un bar de la esquina de la sexta y después de un suculento desayuno de jamón, tostadas  y café me conecté para husmear sobre la vida de la familia Wikinson. 
No había diversidad, no eran de la farándula de la imagen, de él habían múltiples links pero todos eran relacionados con las actividades de sus empresas, premios al mejor empresario, éxitos de bolsa, celebraciones oficiales y notas deportivas sobre torneos de golf en los que había participado o patrocinado; por lo visto también era un navegante reconocido, de Mirna su mujer, habían muchas más referencias, pero la mayoría eran de su etapa de modelo, algunos artículos sobre la boda, actos benéficos y poco más, la mujer había desaparecido de las carteleras después de casarse con Wikinson.
Referencia fotográficas de la existencia de una hija de Mirna, de nombre Margaret pero tampoco existían enlaces que aportaran el tipo de información que buscaba.  La familia Wikinson únicamente destacaba en las secciones de economía.
Me tomé otro café, eran casi las cinco, salí del bar y me dirigí al coche.

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