sábado, 5 de noviembre de 2011

No me esperes a cenar - I

El aire acondicionado no funcionaba y el calor era asfixiante, cerré los porticones, tener las ventanas abiertas no haría bajar la temperatura. Notaba como las gotas de sudor me caían por toda la cara, hasta las ingles me sudaban.
No había empezado bien la semana, las noticias solo hablaban de la canícula, la misma que me golpeaba. Se habían declarado incendios en varios puntos de las serranías de los alrededores y los camiones de bomberos no paraban; llevaban años pronosticando una catástrofe en caso de altas temperaturas y aquí estaba;  la canícula duraría otros 4 días.
Las autoridades se esforzaban por demostrar que no eran culpables de nada, se habían puesto en marcha varios operativos, los coordinadores de los mismos continuamente mantenían informada a la máxima autoridad, ellos estaban allí también, trabajando codo con codo con los bomberos para lograr controlar la situación, no existía falta de prevención y para corroborarlo mostraban unas gráficas que indicaban que las temperaturas eran las más altas de los últimos 30 años. El culpable estaba localizado, era el maldito calor.

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