No había empezado bien la semana, las noticias solo hablaban de la canícula, la misma que me golpeaba. Se habían declarado incendios en varios puntos de las serranías de los alrededores y los camiones de bomberos no paraban; llevaban años pronosticando una catástrofe en caso de altas temperaturas y aquí estaba; la canícula duraría otros 4 días.
Las autoridades se esforzaban por demostrar que no eran culpables de nada, se habían puesto en marcha varios operativos, los coordinadores de los mismos continuamente mantenían informada a la máxima autoridad, ellos estaban allí también, trabajando codo con codo con los bomberos para lograr controlar la situación, no existía falta de prevención y para corroborarlo mostraban unas gráficas que indicaban que las temperaturas eran las más altas de los últimos 30 años. El culpable estaba localizado, era el maldito calor.

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